Una princesa entre conspiradores, ascuas de dragones en su pelo. Esa sensación de que te vas a caer cuando miras las estrellas. Cientos de palabras que no se me ocurren, cada una para un lunar o una peca de esa piel, marcándome los lugares que besar. Y una canción, al oído, que se me cierran los ojos y sólo puedo pensar en esa voz.
Se me caen la espada y el escudo.
Y dices que el amor de las historias no existe, pero mientras me lo dices y me miras y te oigo y te miro, yo, no me lo creo.
Y en algún lugar, sentados a una mesa delante de una baraja de póker, el Diablo y Dios se ríen sin parar.
- Ha sido una buena idea
- Ja. Aún no has visto nada
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